Publicado en Espiritualidad, Todo, Vida

Trabajo y vida

Hormiga inspiradora.

 “Vete donde la hormiga, oh perezoso; mira sus caminos y hazte sabio” (Pro. 6:6).

Toda la vida es trabajo.

Nuestro cerebro siempre está funcionando. Por ejemplo, en las noches, se ocupa en cosas tan triviales como catalogar, descartar y/o comprimir la infinidad de datos procedente de un día de vida en el universo. Y tanto trabajo, mientras nosotros “descansamos”. Puedo decir, que trabajamos hasta mientras dormimos.

Abrir nuestros ojos, levantarnos y desayunar es trabajo también: Está implicando movimientos musculares, esfuerzo físico y mental. Pero a nosotros no nos parece. Estamos muy felices con las galletas y el café, que nos olvidamos que hemos gastado energía en ello.

Pero gastamos energía. Como un grifo abierto, que gasta agua como si nunca se acabara. Y siempre lo hacemos, sin importar la cantidad. Nos gastamos al observar, abrazar a un ser querido, escuchar música, recordar, leer poesía, caminar a casa, respirar, y cualquier otro verbo. Trabajamos al hacer cualquier cosa.

“Es que me da flojera”, “qué rico se siente no hacer nada” y “vivo con pereza extrema”. Expresiones así, nos hace pensar que trabajo es sinónimo de cansancio, sudor y hasta lágrimas. Y es que no hacer nada es la moda, el destino y la cura de mucha gente.

La cura a la vida, quizás. Porque no hacer nada, es morir. ¿No?

Un cadáver no hace nada.
Un ser vivo hace millones de reacciones químicas, y con eso, transforma energía química en energía de muchos otros tipos (cinética, calorífica, eléctrica, y un largo etc.).
En ese momento también recibe miles de datos del exterior, de los cinco sentidos, que inunda al extraordinario procesador que gestiona toda esa información, priorizando lo más importante…

¿No hacemos nada? Es ridículo. Si el grifo está abierto, aprovecharé toda esa abundante agua mientras dure. Seré creativo, y haré algo por quien me ha dado todo este poder… ¡Imaginemos de lo que somos capaces!

Tantos proyectos por hacer, tantas historias por contar, tantos mundos por descubrir, tantas personas que conocer, tantos amigos por ayudar…

Esta historia se está escribiendo. Y no me quedaré sin hacer nada. Haré lo que esté en mis posibilidades, no como quien procura hacer lo mínimo, sino como quien desea hacer hasta lo imposible. La hormiga será mi maestra en el noble arte del diario vivir.

Mi trabajo es ser feliz, regalando felicidad. Quien desee tomarla es suya: porque hasta a mi me la han regalado también. Pero para ser felices, tenemos que trabajar arduamente en aquello que nos cause placer. Hagamos eso, y jamás desearemos un descanso, no porque no podamos, sino porque no lo necesitaremos…

Fuente: Un amigo igual de apegado que un hermano (https://rickartz.wordpress.com/)

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Autor:

Un chico normal con grandes ideales, eternas aspiraciones, una esperanza excelente, gustos que crecen cada día y buen sentido de humor. Normal, ¿No?

Exprésate, amigo(a)...

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