Publicado en Cuento, Espiritualidad, Preguntas, Todo

El nombre de una segunda oportunidad…

Enterrado, pero vivo.

No he muerto. Sólo he sido sepultado en grandes cantidades de obligaciones que ahogan mi vida. Estoy enterrado, y vivo, debajo de ésa gruesa capa de deberes. Y deben saber que ser sepultado en vida es realmente horrible.

En casos como éstos, uno ve pasar su vida ante sus ojos. Es literal, porque el miedo a la muerte es muy real. Uno revive su historia, realmente se descompone en los fragmentos del pasado que nos construye, como un rompecabezas de recuerdos que uno simplemente no puede imaginar antes de una amenaza letal como ésta.

Lo que vi en este acertijo subconsciente, son las respuestas a preguntas que jamás se hace nadie. En mi caso, con mi afición por las preguntas, incluso yo las había olvidado. Pero no dejaron de sorprenderme ésas respuestas.

Todo oscuro, debajo de mis grandes y pequeños problemas, aguardaba a que mi mente se tranquilizara. Las piezas del crucigrama hipnótico de mis recuerdos, me preguntaron con un susurro, por enésima ocasión:

–¿Cuál es el verdadero objetivo de tu vida?
Yo, perplejo:
–Lo sé desde hace años. Ésa pregunta no es nueva. Es…
–Sabes que tus palabras no nos dicen nada… Nosotros somos el mapa de tu vida. Nosotros mostramos quién eres. Somos tu pasado. Tus acciones, tus decisiones, tus deseos, todo eso y más somos nosotros. Somos los puntos que marcan tu ruta anterior. Sabes que somos la respuesta a la pregunta que hemos hecho.

No se los negaré: Tenían razón. Ellos son la prueba de que yo soy las decisiones que tomo. Yo soy la ruta que elijo. Y hasta ahora, mi ruta, yo, estaba demasiado lejos de donde quería estar…

Sólo se me ocurrió contestar a mis recuerdos, con otro recuerdo:
–¿Qué puedo decir? “¡Mira! He llegado a ser de poca importancia. ¿Qué te responderé? Mi mano he puesto sobre mi boca.” (Job 40:4)
–Has entendido. No importa qué digas, sino qué hagas. Escucha: No puedes morir, aún no. Mira que aún hay mucho por hacer, y lo que te detiene, lo que te oprime no es polvo, sino sigues siendo tú. Tú eres las responsabilidades que tomas, tanto las buenas como las innecesarias, tanto las imprescindibles como las que ahora te agobian. Recuerda tu segundo nombre, recuerda de dónde vienes, y mejor aún, recuerda adónde vas…

Y con esto, mi acertijo dejó de serlo. Mi segundo nombre. Lo había olvidado por completo.

Nadie conoce mi segundo nombre. Es un nombre muy especial. Me lo colocaron por un abuelo, que jamás conocí, pero que debió ser una buena persona. Nadie supo cuál era, nadie me conoce así. De hecho, nadie le dio importancia. Por un momento, ni yo.

Pero quién diría que ése nombre, es la respuesta que me ayudaría a salir de este entierro prematuro, de esta muerte en vida, de este martirio inútil.

No, no estoy sufriendo. Es sólo que tampoco estoy gozando, y debería, porque tengo una razón de ser. Y debo correr a ese destino, debo avanzar a ésa meta, a mi meta. No lo hice, por las responsabilidades que me comprometían a estar enterrado aquí, pero las escarbaré, acabaré con ellas, y lograré salir de esta monótona oscuridad de inactividad, para refugiarme en la maravillosa luz de un nuevo día.

Y eso no lo hace un nombre. Lo hace un significado.

Mi nombre es Ricardo. Es de origen germano, y significa: ‘rey poderoso’ o ‘rey valeroso’, de Rik, rey, yhardt, fuerte, valiente. Es el nombre de ésta página, el primer nombre dado a mi por razones igualmente desconocidas, y me encantó desde el primer momento. Lo uso frecuentemente, todos me conocen con él, pero nadie sabe qué significa. Ni yo. Porque este no es el nombre que me puede salvar…

Mi segundo nombre es Eliezer. Es de origen hebreo. Significa: ‘Dios es mi ayuda’, de Eli, Dios, Ezeren, ayuda, auxilio. Es un nombre hermoso, que alaba al Ser que todo nos lo da, y sin embargo, es muy raro encontrarlo en uso. Y de todos los nombres raros que existen en el mundo, soy uno de los afortunados de poseer éste, de identificarme con él. Tengo un segundo nombre, realmente espectacular…

Yo soy, el resultados de mis decisiones. Y yo, lo elijo a Él. No tendré miedo de situaciones adversas, ni estaré sepultado más tiempo, y tampoco moriré. Es decir, morir, como lo que realmente significa: Rendirse. Jamás me rendiré en mi camino. No importa lo que se oponga a mi ruta, ya sea el mundo, incluso yo mismo, no vencerán. Porque, pase lo que pase, sé que ‘Dios es mi ayuda’.

Al fondo de mi abismo, de telón, puede observarse una pequeña abertura, una luz que contrasta la oscuridad que me rodea, en el cual escucho un recuerdo más, un susurro más, unas palabras que ya me habían ayudado antes..:

Y por eso te dije: ‘Tú eres mi siervo; te he escogido, y no te he rechazado. No tengas miedo, porque estoy contigo. No mires por todos lados, porque soy tu Dios. Yo ciertamente te fortificaré. Yo cierta y verdaderamente te ayudaré. Sí, yo verdaderamente te mantendré firmemente asido con mi diestra de justicia’.

(Isaías 41:9, 10)

Fuente: Un segundo nombre. (https://rickartz.wordpress.com/)

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Autor:

Un chico normal con grandes ideales, eternas aspiraciones, una esperanza excelente, gustos que crecen cada día y buen sentido de humor. Normal, ¿No?

Exprésate, amigo(a)...

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