Publicado en Cuento, Espiritualidad, Todo

El accidente…

Accidente...

“¿Qué ha pasado?…” Miras a tu alrededor. No recuerdas nada… Ves un camión en llamas. Está tirado de costado. Una carretera. No, es ésa carretera. Es ésa calle que te parece tan conocida, a la que llamaste hogar alguna vez.

“¿Habrá alguien ahí, herido? ¿Necesitará ayuda?” No oyes nada. Quizá se deba a la explosión. “¿Explosión? ¿De qué?” En medio de esa carretera mojada por la pequeña llovizna, en el frío y duro concreto, estás tú, sin poder moverte, mientras la lluvia disimula tus lágrimas…

“Estoy llorando… ¿por qué…?” Observas de vuelta al camión, recostado de su lado izquierdo, como un elefante dormido. Puedes ver goteando un liquido viscoso, café: Es gasolina…

Miras al cielo. Sientes el dolor por primera vez. Una pierna, que se queja cuando tratas de moverla, es suficiente para que dejes de intentarlo.

“¡Ayuda…!” Ese fue el primer sonido. Fue un grito sordo, apagado por la distancia, que continúa. Se hace más fuerte, poco a poco. Es la voz de una persona adulta, que grita, se desespera y retumba en tus oídos como una conciencia herida.

Buscas donde se originó…  “¿Dónde? ¿desde el camión en llamas…? No, es más cerca.”

Una pequeña sombra sale de atrás del camión. Es una niña. Es demasiado pequeña, debe tener 6 años. Tiene una apariencia muy frágil. Está pálida y descalza, con un vestido muy simple que no la protege ni del viento.

Ella camina sin confusión cerca de vidrios rotos y cables chispeantes. El fuego en el camión se acerca peligrosamente a ella. Se cubre con su bracito izquierdo la cara, entrecerrando los ojos, intentando mirar tu posición. Ella avanza hacia ti.

Tú estás al borde de la desesperación. “¿Quién es? No… ¿cómo le ayudaré con esta pierna rota? Debo hacer algo.” Intentas moverte, incorporarte. Un hierro clavado en tu pierna derecha te impide respirar. Es mucho dolor.

Algo explota detrás de ella. La onda expansiva choca contra la niña, casi tirándola al suelo y ondulando su vestido. Ella sigue de pie, caminando y esquivando cristales, como si nada pasara. Los gritos pidiendo ayuda se hacen más fuertes. “¿Acaso no puedo hacer nada? ¿Por qué la niña no tiene miedo? ¿Quién está gritando por ayuda?”

La niña ha logrado acercarse a ti. Tiene manchas de sangre en su vestido, y en sus pies. Miras estupefacto su rostro: Es muy hermosa, pues te recuerda a alguien que quieres mucho. En sus ojos, no hay ninguna marca de que haya llorado nunca. Mirándote con ternura, te dice con una voz muy dulce:

“Puedes dejar de gritar. Estoy contigo. Tranquilízate, por favor. Lamento que te hayas herido de ésa manera. En serio, lo lamento mucho. Yo estoy aquí para guiarte, pero no puedo obligarte a seguir el camino. Tú eres el conductor, tú eres el que decide.”

“¿Yo? ¿e-el conductor?, O sea, ¿estabas conmigo en ése camión? ¿Te has hecho mucho daño?” —Dices, balbuceando.

Ella continúa hablando:

“Los daños graves que el camión tiene pueden ser reparados —Ella mira hacia el camión incendiado, con melancolía en sus ojos—. Pero requerirá de mucho esfuerzo de tu parte. Tú solo, no podrás sobrevivir así. Necesitas de ése camión. Pero debes repararlo.”

“¿Cómo lo haré si mi pierna está atravesada por este hierro?” —Respondes con agotamiento.

“El hierro representa tu miedo al dolor, al fracaso, a la inutilidad. Pero ese miedo te detiene. En realidad, no puedes rendirte sin siquiera haber intentado hacer algo”.

“¿No es real? ¿esto un sueño?… ¿Qué significa?”

Miras la pierna con el hierro. Alcanzas con las dos manos el tubo que atraviesa justo la mitad del muslo, y, con mucha fuerza, lo jalas hacia arriba, ofreciendo poca resistencia. El hierro se desliza hasta quedar fuera del músculo, permitiéndote mover la pierna con dolor, pero fácilmente. Incorporándote, te diriges a la niña:

“Gracias por venir por mi. No hubiese sabido qué hacer de no ser por ti.”

“No tienes qué agradecer. Escuché tus gritos pidiendo ayuda, y por eso vine. Sé que necesitas guía, pero solo hay uno que puede dártela. El mismo quién te dio este camión y te dio a conocer ésta carretera.  Quién me asignó a mi, como guía para llevarte en el camino correcto.”
“Pero es de humanos equivocarse. El problema no será si te equivocas. Será si decides no intentar más, si te rindes. Darle la espalda a quién ha hecho demasiado por tu bien, ¿No sería traición? En última instancia, sería también traición a ti mismo.”

“Gracias, gracias, pequeña. No lo vi tan claro, hasta que apareciste.” —Y las lágrimas vuelven a aparecer en tus ojos.

“Yo siempre estoy contigo. Yo… represento tu conciencia: La capacidad del ser humano de conocerse a sí mismo, de juzgar sus propias acciones. Yo te guío, siempre que cuides de mi. Porque las quemaduras me harán insensible, y me quitarán la vista. ¿Puede sentir algo la piel quemada? ¿Te servirá de algo una guía ciega? Así, yo no podré ayudarte si no me cuidas y educas como es debido. Porque yo debo saber lo que Él desea para ti.”

“Lo entiendo ahora. Esto es mi error. Lo siento mucho.” Acto seguido, abrazas a la niña con un gesto de verdadero cariño, sabiendo que ella es la razón por la que sigues con vida. “Lamento que sufras por mi causa, pero ya no será así. Si yo te hago daño a ti, o peor aún, a Aquél que nos guía, entonces me estaré haciendo daño a mi mismo y a los que me rodean. Lo lamento con el corazón. No se cómo, pero reconstruiré el vehículo, para que no tengas que estar entre el vidrio y el fuego nunca más.”

La niña sonríe, satisfecha. Su rostro feliz es una maravillosa imagen que nunca olvidarás.

Despiertas, llorando.

Y entiendes que el camión debe ser reparado ahora. El camión que te permite circular por el camino de la verdad, ése camión que dejaste hace tiempo de conducir como deberías, tomándote algunos atajos y descuidándolo mucho. Por esa razón la conciencia tuvo que intervenir, y también resultó lesionada.. Ése camión es la persona que eres en el interior, la que jamás muestras al mundo, pero que Dios siempre tiene ante sus ojos, Lo único que vale en una persona: El corazón sincero.

Pero Jehová dijo a Samuel: “No mires su apariencia ni lo alto de su estatura, porque lo he rechazado. Porque no de la manera como el hombre ve es como Dios ve, porque el simple hombre ve lo que aparece a los ojos; pero en cuanto a Jehová, él ve lo que es el corazón”.

1 Samuel 16:7

Fuente: Sueños Reveladores… https://rickartz.wordpress.com/

Anuncios

Autor:

Un chico normal con grandes ideales, eternas aspiraciones, una esperanza excelente, gustos que crecen cada día y buen sentido de humor. Normal, ¿No?

2 comentarios sobre “El accidente…

  1. ES INCREIBLE EXPERIMENTAR ESTE SENTIMINTO AL LEER PALABRAS TAN CIERTAS “PERO ES D HUMANOS EQUIVOCARSE; EL PROBLEMA NO SERA SI T EQUIVOCAS SERA SI DECIDES NO INTENTARLO MA, SI TE RINDES. DARLE LA ESPALDA (NOTA LA EXPRECION) A KIEN HA HECHO DEMACIADO POR TU BIEN,¿NO SERIA TRAICION? EN ULTIMA ESTANCI, SERIA TAMBIEN TRAICION A TI MISMO….” QUE JEHOVA TE SIGA BENDICIENDO PARA Q SEAS DE BENDICION A OTROS ENTRE ELLOS YO..KUIDATE

Exprésate, amigo(a)...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s