“El tiempo que pasé con ella es un tesoro que ni su ausencia puede quitarme…”

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Hace dos largos años que no la veo. Un hermoso rostro imposible de olvidar, de aquellos que el solo observarla dos segundos produce un profundo sentimiento de paz que dura un día o dos, para los que tienen buena memoria. Sin embargo, en mi caso, tal paz contraída por el encanto de su mirada se ha prolongado precisamente éstos dos largos años que no la he visto más.

Le pregunté a todos los que la conocieron, luego, a todos los que yo conocí. Nadie supo darme una respuesta concreta a la causa de su desaparición. Yo mismo pasé por alto su ausencia durante demasiado tiempo. Tal grave error impidió buscarla como es debido.

Al principio, ella simplemente apareció en mi casa, pero no me pregunté la razón del privilegio. Poco después, diariamente estuvo ahí, haciéndole compañía a un viejo con cara de niño como yo. Posteriormente, di por hecho su cautivadora existencia. Al final, se desvaneció sin que lo note, tal como llegó.

Hace un minuto me pareció verla en el jardín trasero. No le di mucha importancia, pero fui a ver y no se hallaba ahí.

Mi hija volvía del trabajo y al verme fuera de casa me preguntó qué hacia afuera. Su mirada mostraba toda la preocupación que yo le ocasiono.
—Otra vez estás buscando a esa “niña de hermoso rostro” ¿verdad? —Me preguntó.
—No sé de qué estás hablando. Solo quise salir.
—Papá…— Su voz se apagó por la misma razón de su triste mirada. —Yo ya no sé qué hacer contigo. Esto se está volviendo grave. Por favor, ya…— Y mi hija… mi responsable, trabajadora, seria y enfocada hija… derrama dolorosas lágrimas por su tonto padre.

En este punto, como todo hombre educado bajo toda la sabiduría de la generación anterior… yo no supe tampoco qué hacer por ella.

—Lo lamento. Es mi culpa. Es verdad que estaba buscando a esa encantadora niña, y perdóname haber mentido. Sé que te he hartado de preguntas sobre ella, y te he contado mucho hasta el cansancio de su forma de sonreír, de hablar, de su alegre compañía, pero es porque no puedo olvidarla, y jamás lo haré. Eso es todo. No te preocupes por mi.
—Pero…
—Ningún pero. Ahora ¿qué trajiste para cenar?
—¡PERO PAPÁ, SI ESTÁS LLORANDO!

Lo comprobé llevando mis propios dedos a los ojos. Jamás lo habría notado si ella no me lo dijera.

—Estoy casi segura de que tus lágrimas empezaron en el momento que te diste cuenta que ella, la niña de la que tanto hablas, la que te acompañó durante tanto tiempo, no estaba ahí. ¿No debo preocuparme de que empieces a sufrir por no encontrarla? ¿Aunque hace dos años que no la ves? ¿Cómo pasaré por alto eso?
—No había notado la tristeza que tengo. Quise mucho a esa niña. Su ausencia es un dolor que no debo olvidar, y lamento haberlo hecho. Pero mi dolor es mio, hija, así que no llores por mi causa. Los viejos como yo miran el pasado más de lo que deberían.

Mis palabras de alguna manera la tranquilizaron.

Cenamos, y el ánimo mejoró. Platicamos de nimiedades en la cena, y luego se refugió en su sillón favorito junto al teléfono. Yo leía un libro de aventuras, pero tomaba nota mental de no hacer que mi hija se preocupara de más por mis propios problemas…
Hasta que la vi.

El rostro imposible de olvidar, una hermosa, cautivadora mirada. Una niña de unos 13 años que mira con grandes ojos radiantes, una amplia sonrisa, hoyuelos en ambas mejillas… fue en una décima de segundo, a través de mi visión periférica. Pero es imposible no verlo. Volteé bruscamente a observar. Mi hija, que estaba en ésa dirección se sobresaltó. Pero yo no tenía dudas: la vi.

Miré cuidadosamente cada parte del rincón del cuarto: El suelo, la mesita, la lámpara, el sillón, mi hija, la carta en su mano… también mi mente buscaba explicaciones frenéticamente: ¿Fue un vívido recuerdo? ¿Una sobrenatural aparición? ¿O quizás la niña por fin ha vuelto..?
Mi hija miraba con gesto de desaprobación mi obvia búsqueda, parecía pedirme explicación con los ojos. Yo solo pude pensar en una cosa: en mi certeza de que, por una décima de segundo, la vi nuevamente.

—Veo que te he vuelto a preocupar. Lo lamento mucho. Cuando hay algo en tu corazón que es muy valioso para ti, no puedes evitar buscarlo cuando se va. No hacerlo seria simplemente tonto. No hay problema si no la encuentro. No te preocupes si sufro un poco porque ya no está ahí. El tiempo que pasé con ella es un tesoro que ni su ausencia puede quitarme. Aunque no esté, la recordaré siempre con una sonrisa. Aunque no la encuentre nunca, seguiré buscándola en cada tal vez, porque ella es una esperanza que vale cada desilusión y más. No me arrepiento de nada, salvo de traerte conmigo en la amarga experiencia de esperar eternamente a alguien que puede no aparecer.

Como temía, mi hija lloró de nuevo, se levantó y me abrazó, tirando el sobre en su mano, y apartando lo que hacía en ese momento, por mi. Me sentí muy afortunado de tenerla cerca.
Una expresión de sorpresa ahogada procedente de mi, sorprendió a mi niña. La mirada cautivaste me miraba desde el suelo. La niña de 13 años, me miraba desde una foto en el piso.
—¿L-la niña en la foto, es..?— Pregunté a mi hija, perdiendo toda coherencia.
Ella, mirando mi sorpresa, responde igualmente sorprendida:
—Me la pidieron en el trabajo, pero en esta casa no había ninguna, así que se lo pedí a una de las tías.
—Si, pero ¿quién es?
—¿No reconoces a esa niña, papá? Pero si soy yo…
En esta ocasión si me di cuenta que yo lloraba. Tomé la foto del suelo con todo el cariño del mundo, como si acabara de encontrarme con mi mejor amiga, mi compañera de juego. Esos ojos, ésa feliz mirada…
—Entonces tu eres la niña que tanto tiempo he buscado, hija. Jamás la olvidé, pero si lo hice… ¿cómo puedo ser tan tonto?
—Papá, papá, no digas eso, te lo ruego. No eres tonto, no es tu culpa. Hace dos años te diagnosticaron una enfermedad por la edad… Te comentamos, pero no lograste retenerlo en tu memoria. Estás en una etapa temprana, y no ha habido avance, eso me alegró mucho. Pero… desde ése diagnóstico comenzaste a buscar a una niña, que jamás estuvo ahí. Tanto los médicos como yo pensamos que ella era síntoma de tu enfermedad. Te veías tan feliz hablando de ella, tus palabras eran tan hermosas y llenas de cariño que me mataba la idea de que no fuera real.
Pero… ¡Era yo!

Ella soltó una pequeña lágrima, pero sonrió. Hace tiempo que no la veía sonreír. ¿Cómo olvidarla? Esa sonrisa idéntica a la de su madre, me produjo una cálida, profunda y omnipresente paz, que nada en este mundo podrá ya quitarme.

¿Qué significa la vida para un asesino a sueldo..? [Historia]

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Él ya está en casa...Él ya se encuentra en casa. Aún no sé cómo entró, aunque no se lo puse fácil. No puedo escuchar sus pisadas, ni veo sus movimientos. Es muy profesional. Sin embargo, yo poseo una ventaja que él no tiene: lo conozco mejor que nadie. Así que estoy segura que se encuentra oculto en la oscuridad, con el cuchillo de caza preferido de su padre, observándome.

El que lo conozca me da la ventaja. Pero sé que sus habilidades son superiores, así que me muevo con cuidado.

Él sale como un ninja debajo de mi cama. No sé como llegó ahí. Lanza un ataque con la cuchilla en forma de media luna. Dentro del pequeño instante que me queda para pensar, me da la impresión de que su fuerza no es la de siempre. Sujeto su mano con el arma, y con un movimiento de aikido lo desvío, sin lograr detenerle. Él hace un giro en el aire, y lanza un segundo ataque, así que me inclino hacía atrás y lo esquivo. En el aire, con un movimiento arriesgado, me lanza otro cuchillo que logra rozar mi mejilla. La mascarilla que llevo en la cara se desprende un poco. Con ella no me reconoce, así que no puedo perderla.

—¿Alguna vez te has preguntado, por qué destruyes vidas?

Bien. Modifiqué mi voz. No me reconoce.

—Es la misión, es el objetivo. Si está en la lista, debe morir.
—¿Sabes qué significa morir?
—No.
—Entonces, ¿por qué asesinas como un simple trabajo?

Sus ojos expresan tristeza a cada ataque. ¿Estará enfermo? Éstos son rápidos y precisos, dándome escasas milésimas de segundos para reaccionar. Si yo fuera una aficionada, o peor aún, militar, ya estaría muerta. Él conoce los métodos para destruir a quien tenga enfrente, igual que yo.

—Porque soy bueno en esto. No. Mas bien, porque es lo único que conozco. No es que me guste, pero es un trabajo. Desde pequeño he trabajado así. Todo el mundo muere, lo único que hago es adelantar la fecha.

Su voz es demasiado monótona y tranquila. Nuestra conversación no encaja con nuestros movimientos. Parece una charla normal, pero hacerlo mientras tratamos de matarnos mutuamente resulta un poco extraño.

Ha hecho 7 ataques en total, cada uno de tres o cuatro movimientos, en los cuales no dio ninguna abertura, ni tuve oportunidad de contraatacar. Es parecido a un baile exótico que integra todo el cuerpo. La belleza de nuestros movimientos sincronizados se destaca porque no hay lugar para errores. Un solo fallo nos costará la vida.

—¿Realmente está bien destruir a seres con nuestros mismos sueños? ¿Es correcto asesinar para vivir?
—¿Correcto? ¿De donde has sacado que lo correcto existe? Lo correcto para una persona no es lo mismo para otros. Demasiado subjetivo. ¿Dónde termina el bien y empieza el mal? La verdad, la justicia y la bondad son conceptos que no existen en nuestro mundo. Los asesinos renunciamos a esos conceptos porque no describen bien la realidad en que vivimos.
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Atascado…

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Camión que avanza por la vida...

Existen cuentos sobre autos capaces de volar. He visto muchos correr sumamente rápido, como si volaran, así que siempre pienso en tales cuentos cuando mi camión se descompone en medio del camino. Salgo, cierro la puerta, ahogo la maldición que estaba a punto de gritar, cierro los ojos, y pienso en aquellos vehículos capaces de correr tan rápido como el viento.

Hasta ahora, he sido feliz con el camión que llevo. Cumplía con mis expectativas, pero recientemente parece que falla demasiado. Por ello, mis fantasías de velocidad. No hay mejor motivo para idear ilusiones que sentirse atascado en medio del camino.

Estaría feliz si tuviera una motocicleta, por ejemplo. Son rápidas y sencillas, sin duda. Debido a que no llevan mucho equipaje, quizá no tuviera que soportar la infinidad de veces que se me ha descompuesto el motor, aunque también es un problema no poder llevar más que unas cuantas cosas. Digo esto, aunque quizás también no sea más que una excusa: El motor de mi automóvil es también mi responsabilidad. Si se encuentra en éste estado, quizás es culpa mía.

Compruebo las conexiones del motor y no encuentro la falla. ¿Cómo no puedo comprender mi propio camión? ¿Qué hice la última vez que me vi en un aprieto como este?

Ya recuerdo. Voy a la parte de atrás, y abro la puerta que guarda mi equipaje. Guarda toda una vida de progresos y fracasos. Escojo uno. El que menos valor tenga, aunque me sigue doliendo el tener que abandonarlo. Lo saco a la carretera y lo dejo a un lado del camino. Es bastante pesado, así que la operación me cuesta unos quince minutos.

Giro la llave. El camión se sacude tres o cuatro veces y arranca. A paso de tortuga, mi camión cumple su papel, al menos por ahora. A veces me pregunto, ¿Debería abandonarlo todo, y conseguirme un vehículo que me lleve más rápido a mi destino?

Un cielo rojo…

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Cielo azul, cielo rojo..

1:00 pm. ¿Día de campo? Ver mucha gente trabajando en armonía en la comida tiene un buen efecto en el ánimo, no importa que tan triste y desorientado uno se sienta. No recuerdo ni porqué me sentía mal. El cielo es azul claro, la vista se extiende a mucho pasto verde y mesas con manteles blancos, además de platillos de muchos colores. Hay personas de diferentes nacionalidades quienes preparan comida, quienes la sirven en platos, y también quienes comen. No entiendo bien qué hago en este lugar, pero me atrae. La gente, la atmósfera, la comida. Aún si no los conozco, ¿me dejarán unirme? ¿me juzgaran por ser un extraño? ¿será mejor irme?

2:00 pm. En una mesa, veo cara conocidas, pero no recuerdo de dónde los conozco. Una chica que viste de rojo me ve, y me saluda alegremente. Tiene una gran sonrisa en sus labios y es muy hermosa. Inesperadamente me abraza, noto que trata de contener las lágrimas… ¿De dónde la conozco? ¿Por qué me saluda con tanta confianza? Sonrío, le saludo con pocas palabras, y me voy. Es demasiado amigable, pienso que desea obtener algo de mi. No me gusta la gente que toma demasiada confianza.

3:00 pm. Una familia me ha invitado a comer con ellos. Parecen personas ignorantes de la situación del mundo, porque sonríen demasiado, mientras hacen bromas entre ellos. Estoy completamente en silencio mientras ellos hablan, no tratan de forzarme a la conversación. Me señalan una silla, y colocan un plato, con una sonrisa. Recuerdo un dolor pasado, y me pregunto porqué a ellos no les duele igual. Me siento y como. En agradecimiento, les regalo una sonrisa, y me voy, mientras me invitan a regresar, y sus rostros se iluminan como si hubiesen encontrado un tesoro.

5:00 pm. —¿Donde te habías metido? Me parece que no te sientes muy a gusto andando por ahí tu solo, ¿Verdad? Deja que te acompañe. Puedo hacer tu camino más divertido.— Su sonrisa está llena de compasión. Sigue leyendo

Programando libertad

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EL cielo azul me demuestra lo soleado que puede ser una tarde en tierra nipona. La nave sobrevuela Japón por segunda vez. El invento funciona, la posibilidad de que sea solo un sueño es de solo el 12.5%. Ahora solo resta la producción del hardware en masa apropiadamente. La era de la teletransportación había llegado.

Es curioso que mi invento funcione bajo software libre. Usé Linux como base para la computadora central de la nave, pues era el único sistema en el que confiaba. Además, a cada modulo separado del mismo le di cierto nivel de autonomía con un núcleo a base de chips ARM tomados de celulares sin vida, con un entorno Android sin GUI.  Quise crear un monumento al software libre.

La máquina funciona, sin duda. Es posible reproducirla. El hardware es poderoso, pero Sigue leyendo

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