Los domingos libres sin sagrados… [Historia]

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Estudio

Se dice que los domingos son sagrados. En mi opinión, los días libres son sagrados.
Desde el punto de vista de aquellos días en la escuela, el domingo era uno de los dos días de descanso que teníamos. Yo tenía incluso la posibilidad de odiarlo como mi eterno recordatorio del lunes infame. Cuando pasamos a la etapa laboral, esa bendición se ve truncada a un solo día. Ahora mismo, sólo se me permite amarlo como lo único que me queda. ¿Qué hay con ese entrenamiento subconsciente para el conformismo, emitido por la sociedad?
Por ello, mis domingos libres son sagrados.

Por ello, cuando mi linda hija de 14 años me pide que la acompañe afuera en domingo, mi respuesta es algo tardía.
Mientras bajo el libro que estaba leyendo, y hago como que pienso en lo que dijo, realmente me despido de mi hermoso domingo.
Pero no me malinterpreten. Estoy feliz de que me haya invitado a hacer algo junto a ella. De hecho, no recuerdo que me haya pedido hacer algo así desde hace ya un tiempo. Por ello, mi primera repuesta es calcular las razones detrás de este inesperado giro de los eventos.
“¿Necesitas dinero?”.
“Papá…” dice Karina mirándome con mucha lástima: “no, no necesito dinero. Además, si necesitara te lo pediría. No pienses que solo te invito por eso, ¿si? No necesitas desconfiar tanto…”
No, no es desconfianza, Karina. Es instinto. Protejo mi corazón de una desilusión causada por mi propia sangre, y también protejo mi valioso domingo. Es decir, si no me necesita realmente, podía sólo darle el dinero sin sentirme culpable…
Pero parece que realmente necesita a su autoproclamado inútil padre. Inútil, por supuesto, en temas relacionados con la juventud de hoy. No es que mi autoestima sea baja o algo así…
“Oh… Esta bien. Si es por mi linda hija, sabes que haría lo que fuera”.
Ella muestra una sonrisa burlona. Parece que mi broma funcionó.
“Ganas puntos por lo que realmente significa, pero los pierdes por la forma en que lo dices…”
Asi que los pierdo por cómo lo digo, ¿eh? Debo reconocer que probablemente no diría algo tan embarazoso en algún sitio público.
“Ejem… ¿Y se puede saber a dónde vamos?”
“¿Y porqué esa cara?”
Ups. Probablemente hice una expresión de molestia justo ahora. Nuevamente, no me malinterpreten. Estar con mi hija es una experiencia revitalizante en cualquier momento y lugar. Pero el solo pensar en salir de casa en este hermoso día…
“¿Qué cara? Es mi cara normal, por favor no vayas a burlarte de ella de modo que puedan afectar mi autoestima en esta importante etapa de mi vida…”
Karina suspira con una cara melancólicamente amable. Ahora ésa es una cara graciosa.
“Hoy el clima es muy bonito. Hay nubes, pero no parece que vaya a llover, y el Sol no es muy fuerte. Además, el viento es agradable”.
“Te faltó mencionar el pronóstico para mañana”.
Karina sonrie.
“Mañana no importa, porque estarás trabajando y ya no estarás conmigo”.
“Su-supongo…”
Esta chica sigue diciendo esta clase de cosas ahora y siempre, ¿debe pegar duro donde más duele? ¿acaso es un niño? Pero no sería tan linda si fuera niño, así que lo dejaré pasar.

***

Al final, salimos a la tienda de la esquina. Si hubiese sabido desde el principio que saldríamos tan cerca, no estaría tan preocupado. Lamentablemente, creo que esta salida es para comprar el desayuno y nada más.
Después de que ella se desvió de su rutina diaria para invitarme a lo que sea que quiera hacer, me sentiría culpable de hacer bromas como “ya salí, de modo que no hay razón de salir de nuevo ¿verdad? ¡Ohh, el clima es tan bonito..! Bueno, regresemos a casa…”

En la tienda de conveniencia, ella toma una canasta.
“No creo que haya necesidad, no vamos a comprar tanto…”
“¿No? Pero los vamos a necesitar”.
Y con esto, empieza a llenarla con galletas, botanas y otras golosinas.
“Hey, ¿en serio te comerás todo eso?”
“Nos… comeremos todo esto. Tú también ayudarás, papá”.
Así que es eso, ¿eh? Bueno, si vamos a necesitar tanta energía, ¿qué en los cielos vamos a hacer después? ¿Deporte? Es verdad que hago algo de ejercicio, pero no me gusta un deporte en particular. Si tuviera que elegir, ciclismo. ¿Quieres que te compre una bicicleta, Karina? Si así fuera, podríamos salir todos los días antes la escuela y el trabajo. Y no habría necesidad de hacerlo en domingo, ¿verdad?
Pero es raro que Karina esté de antojos. En ello, ella se parece a mi. Casi nunca compro algo por antojo, y mis gustos son tan predecibles que los compro por oferta y cajas. Así que dejaré que se dé este lujo hoy.
Al regresar a casa, las bolsas de compra tienen una gran cantidad de cosas dulces, como galletas y chocolate con leche. Me da gusto que ella tenga gustos similares a los míos. ¡Eso hace que comprarle cosas sea más fácil!
“Papá, ¿te molesta salir?”.
“Tecnicamente, no. Salgo al trabajo, salgo al servicio, salgo para comprar y también tengo algunas amistades que me oblig- que me dan las oportunidad de salir con ellos. Aunque, probablemente la mayoría sean amigos de tu madre”.
“Obligan, jeje…”
Mi pequeño desliz no será ignorado, ¿cierto?. En ello, Karina se parece a su madre.
“Pero entonces, ¿porqué siempre que tienes tiempo libre te encierras?”
“¿Me encierro? No lo veo de esa manera…”
“Vamos, probablemente hoy estabas deseando pasar el día en tu estudio leyendo, estudiando y escribiendo incansablemente. Pareces uno de esos monjes de la Edad Media”.
Ah, eso… ¿Eso es un encierro? Ciertamente no lo veo así. ¿Así es como esta niña de 14 años me ve? Debo empezar a cuidar mi cabello, por si acaso.
“Hey, eso es, como decirlo… tiempo para mi. Es como cuando tu preferirias ver televisión. A mi me gusta más estudiar, y conocer cosas nuevas. Piensa en ello como una forma de conocer nuevos mundos sin salir de casa”.
“Leer y estudiar te hace conocer nuevos mundos, ¿eh?”
Ella sonríe, incrédula. A ella le gusta mucho salir y conocer el mundo exterior: lugares, culturas y gente. Así que entiendo que no me crea tan fácilmente. Pero vamos, no puede despreciar el estudio que hago. Mas bien, no lo permitiré.
“De hecho, es incluso mejor. En vez de solo eso, puede decirse que al leer, estudiar y descubrir nuevos mundos, también te conoces mejor a ti mismo. Empiezas a conocer y entender tu propia perspectiva del mundo, y a cuestionarla, a examinarla a la luz de otras verdades que antes desconocías. Esto es especialmente cierto para cuando te encuentras con verdades confiables, hechos establecidos y principios valiosos que te obligan a verlo todo desde otro ángulo, y te hacen preguntarte quien eres en realidad”.
“Conocerse a uno mismo…”
“Te haría bien intentarlo. Te prestaré una túnica y podemos acabar de copiar una Biblia en la mitad de tiempo”.
A Karina no le hizo mucha gracia mi comentario, pero no dijo nada. Parece que piensa seriamente en lo que le dije. Pero… es un poco solitario cuando no se burla de mi.

***

Al llegar a casa, Karina sin mediar palabra se separó de mi, llevó la compra a la cocina y se fue a su habitación. Suponiendo que saldremos al terminar de desayunar, es posible que quiera arreglarse para salir. Si es así, mi trabajo ahora es esperarla con toda la paciencia que puedo reunir. Y sé exactamente donde encontrarla.
Mi tan llamado estudio no es más que una habitación con libreros en cada pared, un escritorio enorme y una computadora. Tiene aire acondicionado, muchos libros y buena iluminación. Yo soy el único autorizado a limpiar aquí, porque muchas cosas que pueden parecer basura para otros, son tesoros para mi.
Un libro especialmente llamó mi atención desde la mañana, un libro que interrumpió mi limpieza matutina y me entretuvo hasta que mi adorada hija interrumpió dicha interrupción.
Es una historia sobre un chico que desea ser útil a Dios, pero no sabe nada. Nada sobre Dios, nada sobre el mundo que lo rodea, y nada sobre sí mismo. No sabe que puede hacer para cumplir su deseo de ser útil. Al final, decide que aunque Dios no lo necesite, le ofrecerá lo que es más valioso para él.
Eso me hizo preguntarme, ¿que es lo más valioso para mi?
Buscando la respuesta, continuaré la lectura.

***

Lo más valioso para el ser humano, era…
“Vamos papá”.
¿Cuanto tiempo ha pasado ya? ¿Qué es lo que estaba esperando?
“¿Dónde?”
¿Acaso olvidé de nuevo tirar la basura?
“Sigueme”.
Seguro me preguntará algo sobre su tarea.
“Está bien”…

***

En la casa donde vivo, suele haber una gran cantidad de pasto que hay que cortar cada semana. Algunas veces me toca hacerlo, y algunas no. Cuando no es necesario que yo lo haga, suelo olvidar por completo existencia del pasto, del jardín entero y de la necesidad de cualquier actividad en él.
Por ello, me sorprende ver el pasto recién cortado, con ese característico aroma a verde naturaleza, y encima de él, un mantel de cuadros, y una sombrilla. Es algo que debería verse en una playa, y no aquí.
Mi mirada tiene un signo de pregunta escrito cuando se la dirijo a mi hija, que con una sonrisa exclama:
“¡Sorpresa!”.
“¿Que celebramos?”.
“Nada especial. Sólo pensé que podrías cambiar tu ambiente un rato, porque tus gustos jamás cambiarán”.
“Hmm… ganas puntos por lo que significa, pero los pierdes por la forma en que lo dices”.
“¿Eh? ¿Por qué?”
Vamos… me da un poco de gusto que no estés intentando cambiar mis gustos, pero con esa frase parece que ya te rendiste conmigo.
“No sé si tu comentario es positivo o negativo, ¿sabes? ¿Es esto un halago o una crítica?”
“Ahora que lo dices, yo también me lo pregunto… No, ¡es broma, es broma! Es un halago, probablemente”.
Mi expresión ensombreció por la tristeza de ser una causa perdida, y Karina ríe para tratar de evitarlo.
“En todo caso, sé que deseas estudiar ese libro que estabas leyendo, así que he decidido acompañarte. Por ello, conseguí el mismo libro que tienes, es una copia de mamá. Pero estudiemos aquí afuera, por favor. Me gusta este clima”.
Así que a esto se refería por afuera. Es sin duda el mejor plan que pudo haber ideado para sacame de la casa. Ahora mismo, siento que podría ir a un desierto o una tundra, a un sitio inhóspito o a un lugar lleno de gente, mientras continúe teniendo la compañía de mi hija.
Con una sonrisa que no puedo disimular, le digo:
“Este clima es realmente hermoso. Gracias por acompañarme entonces”.

****

Hay muchas cosas que pueden resultarnos valiosas. Los libros que leo, o la información que hay en ellos, es algo que deseo obtener porque es importante para mi. Es valioso porque me interesa. De igual manera, siento un genuino interés en mi familia, en mis amigos y en Dios. Por ésa razón, ellos son valiosos para mi.
Ahora mismo, valoro mucho el tiempo que estoy pasando con mi hija.
El estudio grupal que hacemos empezó con una explicación del libro, mis impresiones sobre la historia y una serie de preguntas. Las preguntas las hace ella, que aunque no ha leído el libro completo, muestra una formidable capacidad para entender a través de lo que he comentado.
Mientras debatíamos sobre el protagonista, mi sentido de la vista es cautivado por una presencia que inspira calma y paz. La elegancia de sus pasos al aproximarse me recuerda, como siempre lo hecho, por qué me casé con ella.
“¡Mamá, trajiste las galletas, gracias! Yo iba a hacerlo cuando tuviéramos hambre, pero terminamos entretenidos conversando”…
“Gracias, Karen. Como siempre, me maravilla tu capacidad de pensar en todo”.
Cada vez que Karen aparece ante mi, hace algo que me asombra, que me enorgullece, o simplemente que me gusta.
“No es nada. Lamento interrumpir, pero su conversación sonaba tan interesante que me embargó el deseo de unirme, si ustedes me permiten, por supuesto”.
“Claro, mamá”.
“Adelante, querida. Aunque creo que conoces este libro mejor que yo”.
“Lo importante no es hace cuánto tiempo, sino con cuánto empeño se ha leido. Si es así, pienso que tu entendimiento es mayor, querido. Pero poniendo eso aparte, hablaban del protagonista de la historia, ¿verdad?”
“Si mamá, nos preguntábamos la motivación que tiene. ¿Por qué ofrecer algo que es probable que no sea necesario?”.
“Exacto, ¿por qué dar lo más valioso, si no se lo han pedido? ¿Qué opinas?”.
Karen siempre dice las cosas más inesperadas en los momentos más oportunos. Pregunto porque sé que dirá algo interesante de hacerlo.
“Yo, pienso… que el era feliz. Y ésa era su motivación”.
Nuestras miradas llenas de duda duraron unos cuantos segundos, lo que la motivó a explicarse más.
“Oh… cuando uno es feliz, ya no es necesario recibir nada. En cambio, uno desea dar, ¿No creen? ¿No es así como sucede con ustedes también?”.
La mirada que proviene de ella es sumamente cálida, y sus ojos nos ven a ambos con cariño. Pero hacen más que vernos: siento que ella nos está leyendo.
Mi pasatiempo es leer, al igual que el de ella. Pero yo leo libros. Ella, personas. Es una habilidad fantástica de estar en buenas manos, pero me da un poco de miedo preguntarle más…
Mi hija, sin entender aún, pregunta inocentemente:
“¿Es igual con nosotros? ¿Por qué lo dices?”.
“Oh, pensé que era evidente, gracias a la situación en que estamos. ¿Debería explicarme más, tal vez?”
“Creo que no tienes que seguir explicando, o mejor dicho, hay cosas que son mejor conocer entre líneas…”
“¿Ehhh…? Pero yo quiero saber. Vamos mamá, explícame”.
“Bien, haré una explicación: Ayer, me preguntaste sobre algún sitio donde tu padre se haya divertido mucho. Realmente, hubo muchos sitios donde vi a tu padre divertirse con la emoción de un niño. Pero no mencioné ninguno. ¿Sabes por qué?”
“…”
“P-porque… sabías que yo quería invitar a papá a salir…”
“Tu trabajador padre tiene una rutina diaria muy agitada. Tiene tres deseos que desea cumplir: tener seguridad material a través del trabajo, acumular tesoros en el cielo a través de la religión y alcanzar la felicidad junto con su familia. Para ello, llena sus seis días laborales, con actividades para cumplir sus tres deseos. Por esto, para él, el séptimo día es especial. Ese día le sirve para analizar que ha hecho en la semana,  cuánto se ha acercado a sus metas, que hizo bien o mal. Es un día para conocerse a sí mismo.”
Hemos estado juntos mucho tiempo. Esta clase de análisis ya es para mi costumbre. Pero me incomoda un poco que la explicación sea escuchada por Karina. Después de todo, es mi aburrida rutina y mis aburridas metas lo que se está explicando. Aburridos, desde el punto se vista de una intrépida joven que quiere recorrer y comerse el mundo.
Karen continúa:
“Cuando le pediste salir, tu padre decidió ofrecerte el día que tanto ama, y ceder las actividades que deseaba hacer, para estar contigo.
Y cuando ayer te expliqué que el libro que esta leyendo lo tiene cautivo y no lo había visto tan feliz, tu quisiste ceder la oportunidad de hacerlo salir de la casa, buscaste la opción donde él sea más feliz. Ambos quisieron dar, porque deseaban la felicidad del otro, porque era felices a causa de la felicidad del otro. Pienso que esa mentalidad es idéntica al chico de la historia”.
Cuando uno valora diferentes cosas, las organizamos consciente o inconscientemente en diferentes niveles de importancia, es lo que llamamos prioridades. Ser la prioridad de alguien, ser valioso para alguien, es un deseo oculto que existe en todo ser humano, sea que lo reconozca o no.
Yo, que he sentido lo que significa ser importante para alguien, y lo que significa que alguien sea importante para uno, puedo reconocer ese deseo en mi, pero no me es fácil reconocerlo en otros.
Karina, que estaba mirando a su madre, desvía la mirada diciendo:
“Ah, no lo había visto de esa manera…”
Y con ello, un incómodo silencio nace. Karen continúa mirándonos con una imperturbable sonrisa, feliz de darse a entender.
Supongo que resultó mejor de lo que pensé. Realmente, pensé que diría cosas más embarazosas. Aún así, en este silencio, mi apenada sonrisa me parece algo ruidosa.
Vamos, no es momento de sentirse tímido.
“En todo caso, Karina… te agradezco que hayas tomado en cuenta mi felicidad al hacer tus planes hoy-”
“¡Calla papá!” Karina me interrumpió con un fino codazo, y con ello la pena que flotaba en el aire se disuelve.
Dejaré de molestarla entonces. Ella debe ser importante para mi, porque por alguna razón, molestarla duele.

****

Finalizado el estudio, cenamos. Por supuesto, dentro de la casa. La cena es más galletas y leche con chocolate, aparentemente compramos demasiado esta mañana, pero no me quejo. Podría cenar esto cada día.
Karina es una chica activa por las mañanas, y eso significa que duerme temprano. Me pregunto de donde aprendió eso.
En el comedor, quedamos Karen y yo. Con el día a punto de finalizar, hay algo que deseo decirle a mi considerada y atenta esposa:
“Karen, gracias por el día de hoy. Fue gracias a tu capacidad de anticiparte a todo que este día fue fantástico para mi. Espero también lo haya sido para ustedes”.
“Oh, no es nada. Al contrario, yo también te agradezco el gran trabajo que has hecho con nuestra hija. Son nuestros esfuerzos combinados, y no sólo míos, los que hacen que ella sea tan bondadosa y perspicaz”.
“Supongo. Pero a mis ojos, ella se parece a ti en ese aspecto”.
Me acerco a ella, y le doy un beso agradecido. Por hoy, y por toda una vida.
“A propósito, ¿Sabes qué es lo más valioso que puedes darle a alguien?”
“¿Qué es?”.
“En mi opinión, es lo que hoy Karina y tu me dieron: su tiempo. Pienso que es el regalo más grande que me pueden hacer, y soy muy feliz por ello”.
“Entonces, tú también nos regalaste lo mismo que nosotras te regalamos a ti”.
“Y continuaré ofreciéndolo hasta que no haya más …”

Mis domingos libres son oportunidades únicas de conocerme mejor. Pero también de conocer a aquellas otras personas que son parte de mi, que desean ser importantes para mi, y que lo demuestran. No cambiaría esos domingos por nada del mundo.
Por ello, estos bellos domingos libres, son sagrados.

“El tiempo que pasé con ella es un tesoro que ni su ausencia puede quitarme…”

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Hace dos largos años que no la veo. Un hermoso rostro imposible de olvidar, de aquellos que el solo observarla dos segundos produce un profundo sentimiento de paz que dura un día o dos, para los que tienen buena memoria. Sin embargo, en mi caso, tal paz contraída por el encanto de su mirada se ha prolongado precisamente éstos dos largos años que no la he visto más.

Le pregunté a todos los que la conocieron, luego, a todos los que yo conocí. Nadie supo darme una respuesta concreta a la causa de su desaparición. Yo mismo pasé por alto su ausencia durante demasiado tiempo. Tal grave error impidió buscarla como es debido.

Al principio, ella simplemente apareció en mi casa, pero no me pregunté la razón del privilegio. Poco después, diariamente estuvo ahí, haciéndole compañía a un viejo con cara de niño como yo. Posteriormente, di por hecho su cautivadora existencia. Al final, se desvaneció sin que lo note, tal como llegó.

Hace un minuto me pareció verla en el jardín trasero. No le di mucha importancia, pero fui a ver y no se hallaba ahí.

Mi hija volvía del trabajo y al verme fuera de casa me preguntó qué hacia afuera. Su mirada mostraba toda la preocupación que yo le ocasiono.
—Otra vez estás buscando a esa “niña de hermoso rostro” ¿verdad? —Me preguntó.
—No sé de qué estás hablando. Solo quise salir.
—Papá…— Su voz se apagó por la misma razón de su triste mirada. —Yo ya no sé qué hacer contigo. Esto se está volviendo grave. Por favor, ya…— Y mi hija… mi responsable, trabajadora, seria y enfocada hija… derrama dolorosas lágrimas por su tonto padre.

En este punto, como todo hombre educado bajo toda la sabiduría de la generación anterior… yo no supe tampoco qué hacer por ella.

—Lo lamento. Es mi culpa. Es verdad que estaba buscando a esa encantadora niña, y perdóname haber mentido. Sé que te he hartado de preguntas sobre ella, y te he contado mucho hasta el cansancio de su forma de sonreír, de hablar, de su alegre compañía, pero es porque no puedo olvidarla, y jamás lo haré. Eso es todo. No te preocupes por mi.
—Pero…
—Ningún pero. Ahora ¿qué trajiste para cenar?
—¡PERO PAPÁ, SI ESTÁS LLORANDO!

Lo comprobé llevando mis propios dedos a los ojos. Jamás lo habría notado si ella no me lo dijera.

—Estoy casi segura de que tus lágrimas empezaron en el momento que te diste cuenta que ella, la niña de la que tanto hablas, la que te acompañó durante tanto tiempo, no estaba ahí. ¿No debo preocuparme de que empieces a sufrir por no encontrarla? ¿Aunque hace dos años que no la ves? ¿Cómo pasaré por alto eso?
—No había notado la tristeza que tengo. Quise mucho a esa niña. Su ausencia es un dolor que no debo olvidar, y lamento haberlo hecho. Pero mi dolor es mio, hija, así que no llores por mi causa. Los viejos como yo miran el pasado más de lo que deberían.

Mis palabras de alguna manera la tranquilizaron.

Cenamos, y el ánimo mejoró. Platicamos de nimiedades en la cena, y luego se refugió en su sillón favorito junto al teléfono. Yo leía un libro de aventuras, pero tomaba nota mental de no hacer que mi hija se preocupara de más por mis propios problemas…
Hasta que la vi.

El rostro imposible de olvidar, una hermosa, cautivadora mirada. Una niña de unos 13 años que mira con grandes ojos radiantes, una amplia sonrisa, hoyuelos en ambas mejillas… fue en una décima de segundo, a través de mi visión periférica. Pero es imposible no verlo. Volteé bruscamente a observar. Mi hija, que estaba en ésa dirección se sobresaltó. Pero yo no tenía dudas: la vi.

Miré cuidadosamente cada parte del rincón del cuarto: El suelo, la mesita, la lámpara, el sillón, mi hija, la carta en su mano… también mi mente buscaba explicaciones frenéticamente: ¿Fue un vívido recuerdo? ¿Una sobrenatural aparición? ¿O quizás la niña por fin ha vuelto..?
Mi hija miraba con gesto de desaprobación mi obvia búsqueda, parecía pedirme explicación con los ojos. Yo solo pude pensar en una cosa: en mi certeza de que, por una décima de segundo, la vi nuevamente.

—Veo que te he vuelto a preocupar. Lo lamento mucho. Cuando hay algo en tu corazón que es muy valioso para ti, no puedes evitar buscarlo cuando se va. No hacerlo seria simplemente tonto. No hay problema si no la encuentro. No te preocupes si sufro un poco porque ya no está ahí. El tiempo que pasé con ella es un tesoro que ni su ausencia puede quitarme. Aunque no esté, la recordaré siempre con una sonrisa. Aunque no la encuentre nunca, seguiré buscándola en cada tal vez, porque ella es una esperanza que vale cada desilusión y más. No me arrepiento de nada, salvo de traerte conmigo en la amarga experiencia de esperar eternamente a alguien que puede no aparecer.

Como temía, mi hija lloró de nuevo, se levantó y me abrazó, tirando el sobre en su mano, y apartando lo que hacía en ese momento, por mi. Me sentí muy afortunado de tenerla cerca.
Una expresión de sorpresa ahogada procedente de mi, sorprendió a mi niña. La mirada cautivaste me miraba desde el suelo. La niña de 13 años, me miraba desde una foto en el piso.
—¿L-la niña en la foto, es..?— Pregunté a mi hija, perdiendo toda coherencia.
Ella, mirando mi sorpresa, responde igualmente sorprendida:
—Me la pidieron en el trabajo, pero en esta casa no había ninguna, así que se lo pedí a una de las tías.
—Si, pero ¿quién es?
—¿No reconoces a esa niña, papá? Pero si soy yo…
En esta ocasión si me di cuenta que yo lloraba. Tomé la foto del suelo con todo el cariño del mundo, como si acabara de encontrarme con mi mejor amiga, mi compañera de juego. Esos ojos, ésa feliz mirada…
—Entonces tu eres la niña que tanto tiempo he buscado, hija. Jamás la olvidé, pero si lo hice… ¿cómo puedo ser tan tonto?
—Papá, papá, no digas eso, te lo ruego. No eres tonto, no es tu culpa. Hace dos años te diagnosticaron una enfermedad por la edad… Te comentamos, pero no lograste retenerlo en tu memoria. Estás en una etapa temprana, y no ha habido avance, eso me alegró mucho. Pero… desde ése diagnóstico comenzaste a buscar a una niña, que jamás estuvo ahí. Tanto los médicos como yo pensamos que ella era síntoma de tu enfermedad. Te veías tan feliz hablando de ella, tus palabras eran tan hermosas y llenas de cariño que me mataba la idea de que no fuera real.
Pero… ¡Era yo!

Ella soltó una pequeña lágrima, pero sonrió. Hace tiempo que no la veía sonreír. ¿Cómo olvidarla? Esa sonrisa idéntica a la de su madre, me produjo una cálida, profunda y omnipresente paz, que nada en este mundo podrá ya quitarme.

¿Qué significa la vida para un asesino a sueldo..? [Historia]

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Él ya está en casa...Él ya se encuentra en casa. Aún no sé cómo entró, aunque no se lo puse fácil. No puedo escuchar sus pisadas, ni veo sus movimientos. Es muy profesional. Sin embargo, yo poseo una ventaja que él no tiene: lo conozco mejor que nadie. Así que estoy segura que se encuentra oculto en la oscuridad, con el cuchillo de caza preferido de su padre, observándome.

El que lo conozca me da la ventaja. Pero sé que sus habilidades son superiores, así que me muevo con cuidado.

Él sale como un ninja debajo de mi cama. No sé como llegó ahí. Lanza un ataque con la cuchilla en forma de media luna. Dentro del pequeño instante que me queda para pensar, me da la impresión de que su fuerza no es la de siempre. Sujeto su mano con el arma, y con un movimiento de aikido lo desvío, sin lograr detenerle. Él hace un giro en el aire, y lanza un segundo ataque, así que me inclino hacía atrás y lo esquivo. En el aire, con un movimiento arriesgado, me lanza otro cuchillo que logra rozar mi mejilla. La mascarilla que llevo en la cara se desprende un poco. Con ella no me reconoce, así que no puedo perderla.

—¿Alguna vez te has preguntado, por qué destruyes vidas?

Bien. Modifiqué mi voz. No me reconoce.

—Es la misión, es el objetivo. Si está en la lista, debe morir.
—¿Sabes qué significa morir?
—No.
—Entonces, ¿por qué asesinas como un simple trabajo?

Sus ojos expresan tristeza a cada ataque. ¿Estará enfermo? Éstos son rápidos y precisos, dándome escasas milésimas de segundos para reaccionar. Si yo fuera una aficionada, o peor aún, militar, ya estaría muerta. Él conoce los métodos para destruir a quien tenga enfrente, igual que yo.

—Porque soy bueno en esto. No. Mas bien, porque es lo único que conozco. No es que me guste, pero es un trabajo. Desde pequeño he trabajado así. Todo el mundo muere, lo único que hago es adelantar la fecha.

Su voz es demasiado monótona y tranquila. Nuestra conversación no encaja con nuestros movimientos. Parece una charla normal, pero hacerlo mientras tratamos de matarnos mutuamente resulta un poco extraño.

Ha hecho 7 ataques en total, cada uno de tres o cuatro movimientos, en los cuales no dio ninguna abertura, ni tuve oportunidad de contraatacar. Es parecido a un baile exótico que integra todo el cuerpo. La belleza de nuestros movimientos sincronizados se destaca porque no hay lugar para errores. Un solo fallo nos costará la vida.

—¿Realmente está bien destruir a seres con nuestros mismos sueños? ¿Es correcto asesinar para vivir?
—¿Correcto? ¿De donde has sacado que lo correcto existe? Lo correcto para una persona no es lo mismo para otros. Demasiado subjetivo. ¿Dónde termina el bien y empieza el mal? La verdad, la justicia y la bondad son conceptos que no existen en nuestro mundo. Los asesinos renunciamos a esos conceptos porque no describen bien la realidad en que vivimos.
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Atascado…

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Camión que avanza por la vida...

Existen cuentos sobre autos capaces de volar. He visto muchos correr sumamente rápido, como si volaran, así que siempre pienso en tales cuentos cuando mi camión se descompone en medio del camino. Salgo, cierro la puerta, ahogo la maldición que estaba a punto de gritar, cierro los ojos, y pienso en aquellos vehículos capaces de correr tan rápido como el viento.

Hasta ahora, he sido feliz con el camión que llevo. Cumplía con mis expectativas, pero recientemente parece que falla demasiado. Por ello, mis fantasías de velocidad. No hay mejor motivo para idear ilusiones que sentirse atascado en medio del camino.

Estaría feliz si tuviera una motocicleta, por ejemplo. Son rápidas y sencillas, sin duda. Debido a que no llevan mucho equipaje, quizá no tuviera que soportar la infinidad de veces que se me ha descompuesto el motor, aunque también es un problema no poder llevar más que unas cuantas cosas. Digo esto, aunque quizás también no sea más que una excusa: El motor de mi automóvil es también mi responsabilidad. Si se encuentra en éste estado, quizás es culpa mía.

Compruebo las conexiones del motor y no encuentro la falla. ¿Cómo no puedo comprender mi propio camión? ¿Qué hice la última vez que me vi en un aprieto como este?

Ya recuerdo. Voy a la parte de atrás, y abro la puerta que guarda mi equipaje. Guarda toda una vida de progresos y fracasos. Escojo uno. El que menos valor tenga, aunque me sigue doliendo el tener que abandonarlo. Lo saco a la carretera y lo dejo a un lado del camino. Es bastante pesado, así que la operación me cuesta unos quince minutos.

Giro la llave. El camión se sacude tres o cuatro veces y arranca. A paso de tortuga, mi camión cumple su papel, al menos por ahora. A veces me pregunto, ¿Debería abandonarlo todo, y conseguirme un vehículo que me lleve más rápido a mi destino?

Un cielo rojo…

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Cielo azul, cielo rojo..

1:00 pm. ¿Día de campo? Ver mucha gente trabajando en armonía en la comida tiene un buen efecto en el ánimo, no importa que tan triste y desorientado uno se sienta. No recuerdo ni porqué me sentía mal. El cielo es azul claro, la vista se extiende a mucho pasto verde y mesas con manteles blancos, además de platillos de muchos colores. Hay personas de diferentes nacionalidades quienes preparan comida, quienes la sirven en platos, y también quienes comen. No entiendo bien qué hago en este lugar, pero me atrae. La gente, la atmósfera, la comida. Aún si no los conozco, ¿me dejarán unirme? ¿me juzgaran por ser un extraño? ¿será mejor irme?

2:00 pm. En una mesa, veo cara conocidas, pero no recuerdo de dónde los conozco. Una chica que viste de rojo me ve, y me saluda alegremente. Tiene una gran sonrisa en sus labios y es muy hermosa. Inesperadamente me abraza, noto que trata de contener las lágrimas… ¿De dónde la conozco? ¿Por qué me saluda con tanta confianza? Sonrío, le saludo con pocas palabras, y me voy. Es demasiado amigable, pienso que desea obtener algo de mi. No me gusta la gente que toma demasiada confianza.

3:00 pm. Una familia me ha invitado a comer con ellos. Parecen personas ignorantes de la situación del mundo, porque sonríen demasiado, mientras hacen bromas entre ellos. Estoy completamente en silencio mientras ellos hablan, no tratan de forzarme a la conversación. Me señalan una silla, y colocan un plato, con una sonrisa. Recuerdo un dolor pasado, y me pregunto porqué a ellos no les duele igual. Me siento y como. En agradecimiento, les regalo una sonrisa, y me voy, mientras me invitan a regresar, y sus rostros se iluminan como si hubiesen encontrado un tesoro.

5:00 pm. —¿Donde te habías metido? Me parece que no te sientes muy a gusto andando por ahí tu solo, ¿Verdad? Deja que te acompañe. Puedo hacer tu camino más divertido.— Su sonrisa está llena de compasión. Sigue leyendo

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