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Los domingos libres sin sagrados… [Historia]

Estudio

Se dice que los domingos son sagrados. En mi opinión, los días libres son sagrados.
Desde el punto de vista de aquellos días en la escuela, el domingo era uno de los dos días de descanso que teníamos. Yo tenía incluso la posibilidad de odiarlo como mi eterno recordatorio del lunes infame. Cuando pasamos a la etapa laboral, esa bendición se ve truncada a un solo día. Ahora mismo, sólo se me permite amarlo como lo único que me queda. ¿Qué hay con ese entrenamiento subconsciente para el conformismo, emitido por la sociedad?
Por ello, mis domingos libres son sagrados.

Por ello, cuando mi linda hija de 14 años me pide que la acompañe afuera en domingo, mi respuesta es algo tardía.
Mientras bajo el libro que estaba leyendo, y hago como que pienso en lo que dijo, realmente me despido de mi hermoso domingo.
Pero no me malinterpreten. Estoy feliz de que me haya invitado a hacer algo junto a ella. De hecho, no recuerdo que me haya pedido hacer algo así desde hace ya un tiempo. Por ello, mi primera repuesta es calcular las razones detrás de este inesperado giro de los eventos.
“¿Necesitas dinero?”.
“Papá…” dice Karina mirándome con mucha lástima: “no, no necesito dinero. Además, si necesitara te lo pediría. No pienses que solo te invito por eso, ¿si? No necesitas desconfiar tanto…”
No, no es desconfianza, Karina. Es instinto. Protejo mi corazón de una desilusión causada por mi propia sangre, y también protejo mi valioso domingo. Es decir, si no me necesita realmente, podía sólo darle el dinero sin sentirme culpable…
Pero parece que realmente necesita a su autoproclamado inútil padre. Inútil, por supuesto, en temas relacionados con la juventud de hoy. No es que mi autoestima sea baja o algo así…
“Oh… Esta bien. Si es por mi linda hija, sabes que haría lo que fuera”.
Ella muestra una sonrisa burlona. Parece que mi broma funcionó.
“Ganas puntos por lo que realmente significa, pero los pierdes por la forma en que lo dices…”
Asi que los pierdo por cómo lo digo, ¿eh? Debo reconocer que probablemente no diría algo tan embarazoso en algún sitio público.
“Ejem… ¿Y se puede saber a dónde vamos?”
“¿Y porqué esa cara?”
Ups. Probablemente hice una expresión de molestia justo ahora. Nuevamente, no me malinterpreten. Estar con mi hija es una experiencia revitalizante en cualquier momento y lugar. Pero el solo pensar en salir de casa en este hermoso día…
“¿Qué cara? Es mi cara normal, por favor no vayas a burlarte de ella de modo que puedan afectar mi autoestima en esta importante etapa de mi vida…”
Karina suspira con una cara melancólicamente amable. Ahora ésa es una cara graciosa.
“Hoy el clima es muy bonito. Hay nubes, pero no parece que vaya a llover, y el Sol no es muy fuerte. Además, el viento es agradable”.
“Te faltó mencionar el pronóstico para mañana”.
Karina sonrie.
“Mañana no importa, porque estarás trabajando y ya no estarás conmigo”.
“Su-supongo…”
Esta chica sigue diciendo esta clase de cosas ahora y siempre, ¿debe pegar duro donde más duele? ¿acaso es un niño? Pero no sería tan linda si fuera niño, así que lo dejaré pasar.

***

Al final, salimos a la tienda de la esquina. Sigue leyendo “Los domingos libres sin sagrados… [Historia]”

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“El tiempo que pasé con ella es un tesoro que ni su ausencia puede quitarme…”

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Hace dos largos años que no la veo. Un hermoso rostro imposible de olvidar, de aquellos que el solo observarla dos segundos produce un profundo sentimiento de paz que dura un día o dos, para los que tienen buena memoria. Sin embargo, en mi caso, tal paz contraída por el encanto de su mirada se ha prolongado precisamente éstos dos largos años que no la he visto más.

Le pregunté a todos los que la conocieron, luego, a todos los que yo conocí. Nadie supo darme una respuesta concreta a la causa de su desaparición. Yo mismo pasé por alto su ausencia durante demasiado tiempo. Tal grave error impidió buscarla como es debido.

Al principio, ella simplemente apareció en mi casa, pero no me pregunté la razón del privilegio. Poco después, diariamente estuvo ahí, haciéndole compañía a un viejo con cara de niño como yo. Posteriormente, di por hecho su cautivadora existencia. Al final, se desvaneció sin que lo note, tal como llegó.

Hace un minuto me pareció verla en el jardín trasero. No le di mucha importancia, pero fui a ver y no se hallaba ahí.

Mi hija volvía del trabajo y al verme fuera de casa me preguntó qué hacia afuera. Sigue leyendo ““El tiempo que pasé con ella es un tesoro que ni su ausencia puede quitarme…””

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¿Qué significa la vida para un asesino a sueldo..? [Historia]

Él ya está en casa...Él ya se encuentra en casa. Aún no sé cómo entró, aunque no se lo puse fácil. No puedo escuchar sus pisadas, ni veo sus movimientos. Es muy profesional. Sin embargo, yo poseo una ventaja que él no tiene: lo conozco mejor que nadie. Así que estoy segura que se encuentra oculto en la oscuridad, con el cuchillo de caza preferido de su padre, observándome.

El que lo conozca me da la ventaja. Pero sé que sus habilidades son superiores, así que me muevo con cuidado.

Él sale como un ninja debajo de mi cama. No sé como llegó ahí. Lanza un ataque con la cuchilla en forma de media luna. Dentro del pequeño instante que me queda para pensar, me da la impresión de que su fuerza no es la de siempre. Sujeto su mano con el arma, y con un movimiento de aikido lo desvío, sin lograr detenerle. Él hace un giro en el aire, y lanza un segundo ataque, así que me inclino hacía atrás y lo esquivo. En el aire, con un movimiento arriesgado, me lanza otro cuchillo que logra rozar mi mejilla. La mascarilla que llevo en la cara se desprende un poco. Con ella no me reconoce, así que no puedo perderla.

—¿Alguna vez te has preguntado, por qué destruyes vidas?

Bien. Modifiqué mi voz. No me reconoce.

—Es la misión, es el objetivo. Si está en la lista, debe morir.
—¿Sabes qué significa morir?
—No.
—Entonces, ¿por qué asesinas como un simple trabajo?

Sus ojos expresan tristeza a cada ataque. ¿Estará enfermo? Éstos son rápidos y precisos, dándome escasas milésimas de segundos para reaccionar. Si yo fuera una aficionada, o peor aún, militar, ya estaría muerta. Él conoce los métodos para destruir a quien tenga enfrente, igual que yo.

—Porque soy bueno en esto. No. Mas bien, porque es lo único que conozco. No es que me guste, pero es un trabajo. Desde pequeño he trabajado así. Todo el mundo muere, lo único que hago es adelantar la fecha.

Su voz es demasiado monótona y tranquila. Nuestra conversación no encaja con nuestros movimientos. Parece una charla normal, pero hacerlo mientras tratamos de matarnos mutuamente resulta un poco extraño.

Ha hecho 7 ataques en total, cada uno de tres o cuatro movimientos, en los cuales no dio ninguna abertura, ni tuve oportunidad de contraatacar. Es parecido a un baile exótico que integra todo el cuerpo. La belleza de nuestros movimientos sincronizados se destaca porque no hay lugar para errores. Un solo fallo nos costará la vida.

—¿Realmente está bien destruir a seres con nuestros mismos sueños? ¿Es correcto asesinar para vivir?
—¿Correcto? ¿De donde has sacado que lo correcto existe? Lo correcto para una persona no es lo mismo para otros. Demasiado subjetivo. ¿Dónde termina el bien y empieza el mal? La verdad, la justicia y la bondad son conceptos que no existen en nuestro mundo. Los asesinos renunciamos a esos conceptos porque no describen bien la realidad en que vivimos.
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Atascado…

Camión que avanza por la vida...

Existen cuentos sobre autos capaces de volar. He visto muchos correr sumamente rápido, como si volaran, así que siempre pienso en tales cuentos cuando mi camión se descompone en medio del camino. Salgo, cierro la puerta, ahogo la maldición que estaba a punto de gritar, cierro los ojos, y pienso en aquellos vehículos capaces de correr tan rápido como el viento.

Hasta ahora, he sido feliz con el camión que llevo. Cumplía con mis expectativas, pero recientemente parece que falla demasiado. Por ello, mis fantasías de velocidad. No hay mejor motivo para idear ilusiones que sentirse atascado en medio del camino.

Estaría feliz si tuviera una motocicleta, por ejemplo. Son rápidas y sencillas, sin duda. Debido a que no llevan mucho equipaje, quizá no tuviera que soportar la infinidad de veces que se me ha descompuesto el motor, aunque también es un problema no poder llevar más que unas cuantas cosas. Digo esto, aunque quizás también no sea más que una excusa: El motor de mi automóvil es también mi responsabilidad. Si se encuentra en éste estado, quizás es culpa mía.

Compruebo las conexiones del motor y no encuentro la falla. ¿Cómo no puedo comprender mi propio camión? ¿Qué hice la última vez que me vi en un aprieto como este?

Ya recuerdo. Voy a la parte de atrás, y abro la puerta que guarda mi equipaje. Guarda toda una vida de progresos y fracasos. Escojo uno. El que menos valor tenga, aunque me sigue doliendo el tener que abandonarlo. Lo saco a la carretera y lo dejo a un lado del camino. Es bastante pesado, así que la operación me cuesta unos quince minutos.

Giro la llave. El camión se sacude tres o cuatro veces y arranca. A paso de tortuga, mi camión cumple su papel, al menos por ahora. A veces me pregunto, ¿Debería abandonarlo todo, y conseguirme un vehículo que me lleve más rápido a mi destino?

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Un cielo rojo…

Cielo azul, cielo rojo..

1:00 pm. ¿Día de campo? Ver mucha gente trabajando en armonía en la comida tiene un buen efecto en el ánimo, no importa que tan triste y desorientado uno se sienta. No recuerdo ni porqué me sentía mal. El cielo es azul claro, la vista se extiende a mucho pasto verde y mesas con manteles blancos, además de platillos de muchos colores. Hay personas de diferentes nacionalidades quienes preparan comida, quienes la sirven en platos, y también quienes comen. No entiendo bien qué hago en este lugar, pero me atrae. La gente, la atmósfera, la comida. Aún si no los conozco, ¿me dejarán unirme? ¿me juzgaran por ser un extraño? ¿será mejor irme?

2:00 pm. En una mesa, veo cara conocidas, pero no recuerdo de dónde los conozco. Una chica que viste de rojo me ve, y me saluda alegremente. Tiene una gran sonrisa en sus labios y es muy hermosa. Inesperadamente me abraza, noto que trata de contener las lágrimas… ¿De dónde la conozco? ¿Por qué me saluda con tanta confianza? Sonrío, le saludo con pocas palabras, y me voy. Es demasiado amigable, pienso que desea obtener algo de mi. No me gusta la gente que toma demasiada confianza.

3:00 pm. Una familia me ha invitado a comer con ellos. Parecen personas ignorantes de la situación del mundo, porque sonríen demasiado, mientras hacen bromas entre ellos. Estoy completamente en silencio mientras ellos hablan, no tratan de forzarme a la conversación. Me señalan una silla, y colocan un plato, con una sonrisa. Recuerdo un dolor pasado, y me pregunto porqué a ellos no les duele igual. Me siento y como. En agradecimiento, les regalo una sonrisa, y me voy, mientras me invitan a regresar, y sus rostros se iluminan como si hubiesen encontrado un tesoro.

5:00 pm. —¿Donde te habías metido? Me parece que no te sientes muy a gusto andando por ahí tu solo, ¿Verdad? Deja que te acompañe. Puedo hacer tu camino más divertido.— Su sonrisa está llena de compasión. Sigue leyendo “Un cielo rojo…”